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1485-1547
Conquistador de México
Nació en Medellín (Badajoz). Hijo de Martín Cortés y de Catalina
Pizarro.Se dice que por algún tiempo fue estudiante en la Universidad de Salamanca. De hecho, Cortés se preciaba de su conocimiento del latín, los romances y la historia, lo que le permitió expresarse con soltura y atildado estilo en sus varios escritos y de modo particular en sus Cartas de relación. Liado en aventuras amorosas, interrumpió sus estudios, si bien poco después aprendió el oficio de escribano en Valladolid.
Cuando cuenta 19 años, se embarcó con rumbo a Santo Domingo, en
donde actuó como escribano en la villa de Azua.
En 1511 acompañó a Diego Velázquez en la conquista
de Cuba. Fue su secretario y más tarde alcalde de Santiago de Baracoa. A
pesar de que tuvo problemas con Diego Velázquez, al casarse en 1514 con
Catalina Juárez Marcaida, logró que fuera su padrino y propició que,
después de las dos expediciones a la tierra firme de lo que hoy es
México, las capitaneadas por Francisco Hernández de Córdoba y Juan de
Grijalva, le confiara la organización de una tercera expedición.
El 18 de febrero de 1519 zarpó llevando 11 navíos,
más de 500 soldados, cerca de 100 marineros, 16 caballos, 14 cañones, 32
ballestas y 13 escopetas. Pocos días después llegó a la isla de
Cozumel, de la que los indígenas se habían retirado.
Entrando al fin en contacto con algunos, inquirió
acerca de los náufragos españoles que sabía se hallaban cautivos.
Apareció entonces Jerónimo de Aguilar que habría de convertirse en
colaborador suyo gracias a su conocimiento de la lengua maya y por el que
supo que el otro náufrago sobreviviente, Gonzalo Guerrero, no había
querido salir al encuentro de los españoles.
Las embarcaciones costearon los litorales de la
península de Yucatán hasta el río de Tabasco que se conoció ya como
Grijalva.
En el pueblo de Centla, en Tabasco, ocurrió el primer
enfrentamiento bélico con los indios. Al triunfo de Cortés, los señores
mayas agasajaron a los españoles haciéndoles entrega de veinte mujeres
entre las que estaba la célebre Malintzin o Malinche. Esta última fue
entregada a Alonso Hernández Portocarrero.
Llegan a la región conocida como Chalchicueyecan ('el
lugar de la diosa de la falda de jade'), en donde el Viernes Santo de 1519
funda la Villa Rica de la Veracruz.
Cortés, decidido a romper toda relación de obediencia
con Diego de Velázquez, creó el cabildo de Villa Rica, del cual a su vez
lo nombró capitán general y justicia mayor. Informaría al emperador
Carlos V (Carlos I de España). De este modo su única vinculación iba a
ser ya con la Corona.
Estableció contacto con indígenas totonacas en
Zempoala. Recibió también una primera embajada de Moctezuma con grandes
presentes de joyas, oro, plumajes y varios atavíos. Según los
testimonios indígenas que se conservan, Moctezuma, hondamente preocupado
por las noticias que le llegaban de las costas del Golfo, pensó que los
recién venidos eran Quetzalcóatl y otros dioses que lo acompañaban.
Nuevamente envió mensajeros que llevaron, entre otras cosas, dos grandes
discos, uno de oro y otro de plata artísticamente trabajados. Esos
mensajeros regresaron a México-Tenochtitlán y refirieron a Moctezuma
todo lo que habían visto.
Cortés dispuso una embajada que debía zarpar con
rumbo a España. Se redactó entonces la que se conoce como Carta del
Cabildo, fechada el 10 de julio de 1519. En ella se hace saber a Carlos V
que dicho cabildo ha nombrado a Cortés capitán general y justicia mayor.
Dos semanas después se embarcan los enviados de Cortés, yendo como
procuradores Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo.
Llevaron consigo presentes para el emperador, entre ellos algunos códices
indígenas.
Poco después Cortés ordena el desmantelamiento de sus
naves.
A mediados de agosto de ese mismo año emprende su
salida hacia el interior de México. Dejando Villa Rica de la Veracruz,
salió con 400 peones, 15 jinetes, 6 piezas de artillería, así como
varios centenares de indígenas.
Después de cruzar la sierra, se aproximó a la región
tlaxcalteca. Valiéndose de un grupo otomí sometido a ellos, los
tlaxcaltecas pusieron a prueba la fuerza militar de los españoles. Al ver
cómo los otomíes eran fácilmente vencidos, decidieron aliarse con ellos
con la esperanza de derrotar así a sus antiguos enemigos, los señores de
México-Tenochtitlán.
A fines de septiembre de 1519 los españoles entraban
en la capital de los tlaxcaltecas, Ocotelulco. Procedió su avance hacia
la metrópoli de los mexicas. Al pasar por la ciudad de Cholula, sometida
entonces al poderío mexica, según las crónicas españolas se descubrió
una traición de sus habitantes dirigida a dar muerte a los españoles.
Según las crónicas indígenas, la traición fue perpetrada en realidad
por los mismos españoles y los aliados indígenas. El hecho es que allí
tuvo lugar una matanza de indígenas.
El 8 de noviembre de 1519, después de atravesar los
volcanes, hicieron su primera entrada en México-Tenochtitlán, llegando
por la calzada de Iztapalapa que unía a la ciudad con la ribera del lago
por el sur. Alojados en los palacios reales, pudieron percatarse de la
grandeza y poderío de la ciudad. Moctezuma, que los recibió como
huéspedes, pronto se convirtió en su prisionero.
En mayo de 1520 llegó Pánfilo de Narváez a la
región de Zempoala, enviado por el gobernador de Cuba para deponer y
hacer preso a Cortés. Este salió de México-Tenochtitlán para hacerle
frente y derrotó a Narváez en Zempoala. Esto le permitió acrecentar el
número de sus hombres, ya que muchos de los que venían con Narváez se
pasaron a sus filas.
En tanto que Cortés había estado fuera, Pedro de
Alvarado acometió súbitamente a los mexicas durante la gran fiesta de
Tóxcatl, en honor de su dios Huitzilopochtli. Al regresar Cortés a la
ciudad, la encontró en gran agitación. Consideró él entonces que lo
mejor era salir de ella a ocultas. Fue entonces cuando perdió la vida
Moctezuma. Según unos, al tratar de apaciguar a los mexicas, le lanzaron
éstos varias pedradas, una de las cuales lo hirió en la cabeza; según
otros, a mano de los españoles que le dieron más de una cuchillada en el
bajo vientre.
La noche del 30 de junio de ese año Cortés y sus
hombres con gran sigilo abandonaron la ciudad. Los mexicas, que dieron la
voz de alarma, los acometieron con furia. Los españoles perdieron
entonces más de la mitad de sus hombres así como todos los tesoros de
que se habían apoderado. Esta derrota se conoce con el nombre de 'la
noche triste'.
Los conquistadores marcharon en busca del auxilio de
sus aliados tlaxcaltecas y no fue sino hasta casi un año después, es
decir el 30 de mayo de 1521, cuando dieron principio al asedio formal de
la ciudad de México-Tenochtitlán. Para ello concentró Cortés más de
80.000 tlaxcaltecas y reforzó sus propias tropas con la llegada de otras
varias expediciones a Veracruz. Desde fines de abril de ese mismo año
había botado al agua trece bergantines que jugaron un papel muy
importante en el asedio de la isla donde se erigía la ciudad.
Las crónicas indígenas hablan de la elección del
señor Cuitláhuac como sucesor de Moctezuma y de la epidemia de viruelas
en la que murieron él y otros muchos. También describen la nueva
elección y actuaciones del joven príncipe Cuauhtémoc. Unos y otros, los
cronistas españoles e indígenas, refieren luego lo que fueron el asedio
y la resistencia indígena a lo largo de casi ochenta días de sitio.
El 13 de agosto de 1521 cayó la ciudad
México-Tenochtitlán y Cortés aprisionó al joven Cuauhtémoc. Se
establece entonces en Coyoacán, en tanto que se procedía a la
reconstrucción de la ciudad de México concebida con nueva planta al modo
renacentista. Su mujer, Catalina Juárez Marcaida, llega procedente de
Cuba y unos meses después muere misteriosamente en Coyoacán.
En agosto del 1523 desembarcan los tres
franciscanos flamencos, Pedro de Gante, Juan de´ Tecto y Juan de Ayora.
Enterado Cortés de que Cristóbal de Olid, enviado suyo a la región de
las Hibueras, se había rebelado, dispuso entonces una expedición para
someterlo. Abandonó la ciudad de México en 1524 dejándola al cargo de
varios oficiales reales los que, además de reñir entre sí, cometieron
numerosos atropellos. Cortés, tras una expedición llena de sinsabores e
inútil porque, al llegar a las Hibueras ya había muerto Cristóbal de
Olid, regresó a la ciudad de México hacia mediados de 1526.
Casi simultáneamente recibió una orden de Carlos V
para que enviara una armada hacia las Molucas en auxilio de las que,
zarpando desde España habían llegado a esas islas. Coincidió todo esto
con la venida del juez Luis Ponce de León para tomar juicio de residencia
a Cortés. Muerto poco tiempo después, se hizo cargo del juicio Marcos de
Aguilar. Éste falleció asimismo en pocos días. Cortés, que tenía ya
en construcción varias embarcaciones, despachó tres con rumbo a las
Molucas y a las órdenes de Álvaro de Saavedra Cerón, su primo, para
auxiliar a la armada de fray García Jofre de Loaisa.
Esa armada zarpó de Zihuatanejo el 31 de octubre de
1528. Uno de los barcos de la misma llegó a las Molucas. Obedeciendo
instrucciones de Carlos V, emprendió un viaje a España. Llegó al puerto
de Palos y tras pasar por Sevilla, Medellín y el monasterio de Nuestra
Señora de Guadalupe, se entrevistó con el emperador en Toledo. Aunque no
recobró el gobierno de la Nueva España, obtuvo al menos el título de
marqués del Valle de Oaxaca, así como 22 villas y 23.000 vasallos.
Casado con doña Juana de Zúñiga, hija del conde de
Aguilar, regresó a México hacia mediados de 1530. La Nueva España se
encontraba entonces en gran agitación debido a los desmanes de Nuño
Beltrán de Guzmán que había sido nombrado presidente de la primera
Audiencia. Cortés tiene que hacer frente a los de dicha audiencia que le
impiden la entrada a la capital. Hallándose en Tezcoco, su madre Catalina
Pizarro, que había venido con él, terminó allí sus días.
Un año después, se instaló una segunda Audiencia con
Sebastián Ramírez de Fuenleal como presidente de la misma. Con base en
las capitulaciones que había celebrado durante su estancia en España,
emprende en 1532 una serie de expediciones en el mar del Sur (océano
Pacífico). A mediados de ese año envía dos naves al mando de Diego
Hurtado de Mendoza, sin alcanzar resultado alguno. Dirige personalmente en
Tehuantepec la construcción de otras naves en el astillero que allí
tiene establecido.
El año siguiente zarpan otras dos embarcaciones desde
el puerto de Santiago en Colima. Una de ellas, al mando Juan de Grijalva,
descubre las islas Revillagigedo. La otra, al frente de la cual iba Diego
Becerra, tras un motín a bordo, alcanzó a llegar al extremo sur de la
Baja California. Allí la mayor parte de los que iban a bordo perdieron la
vida en un enfrentamiento con los indios.
Emprendió en 1535 una tercera expedición yendo
personalmente al frente de ella. Fundó una pequeña colonia en la bahía
de la Paz, que designó como de la Santa Cruz. Más de un año después
regresó a México sin haber alcanzado cosa alguna en esa tierra que más
tarde se llamó California.
Incansable, envió luego dos naves con rumbo al Perú
para auxiliar a Francisco Pizarro que se encontraba sitiado en Lima.
En 1537 dio principio a una ruta de comercio marítimo,
desde el puerto de Huatulco hasta Panamá y Perú.
En 1539 despachó su cuarta expedición al Mar del Sur.
Encomendó esta empresa al capitán Francisco de Ulloa que penetró hasta
la desembocadura del río Colorado y, regresando hasta el extremo sur de
la península, remontó por el Pacífico hasta más allá de la isla de
Cedros.
Emprendió nuevo viaje a España. Entre otras cosas
dirigió allí un memorial a Carlos V quejándose de los agravios que, en
su opinión, había recibido del primer virrey de la Nueva España,
Antonio de Mendoza. Con intención de regresar a México, llegó a
Castilleja de la Cuesta, cerca de Sevilla. Allí poco antes había dictado
su testamento.
Falleció el 2 de diciembre de 1547 a la edad de 62
años. Le sobrevivieron su mujer, sus hijos Martín y Luis, así como el
otro Martín que había tenido con la Malinche, y María, Catalina y Juana
nacidas de su esposa, además de otros tenidos también fuera de
matrimonio, como aquella doña Leonor, nacida de doña Isabel de
Moctezuma.
El primer entierro de Cortés fue en la iglesia de San
Isidoro del Campo en Sevilla. Años después, sus restos fueron
trasladados a la Nueva España y enterrados en la iglesia adjunta al
convento de San Francisco en Tezcoco. De allí pasaron a la Capilla Mayor
del convento de San Francisco en la ciudad de México. Su último reposo
lo alcanzó en la iglesia de Jesús Nazareno, contigua al Hospital de
Jesús fundado por él. En la actualidad se conservan en una urna colocada
en un nicho en el muro del costado del Evangelio.
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